18/08/09

Muro de hielo-miradas de fuego (La niña de la tele II)

No dice nada, solo sigue sonriendo y luego de varios minutos de silencio me pregunta qué cómo estoy. En aquel momento me doy cuenta que el niño malo no lo ha dicho, lo ha soltado para mis adentros y nada más, pero lo tomo como una advertencia, un signo de reaparición inminente, cuando ya lo daba por muerto o al menos fusionado con el niño bueno.

Es curioso -más que curioso realmente cojudo- que no nos hayamos dicho nada. Solo un beso en la mejilla, sentarse y ver las nubes pasar. Se me ha ocurrido traer un vidrio, colocarlo entre nosotros e inventarnos un teclado imaginario. El escenario no falló antes y no tendría porque fallar ahora. Es más, fue un éxito al concluir con la promesa-reto de depilación y tanga roja.

-Nervioso-le respondo a su cómo estás, mientras froto mis manos tratando de calentarlas.

Suelta un "ah" gélido que termina por congelarme todo y le mira al culo al mismo tipo de antes pero que ahora regresa. Ahora en lugar del vidrio gilero que imaginaba entre nosotros, ha aparecido un bloque de hielo gruesísimo y que, cree el niño bueno, solamente el niño malo es capaz de derretir. Dilema, dilema.

-Lo saco o no lo saco?-digo rascandome el mentón. Y cuando pienso que solamente ha sido una voz interna que pensé externa, mis labios sueltan la última "o". El hielo se derrite poco a poco y no sé si a causa de mi ruborizado rostro o la mirada de rayos infrarojos que me ha lanzado Eli, al más puro estilo de Superman. Ella no podrá sola, tengo que ayudarla de alguna forma y sin mi consentimiento el niño malo hace agua el bloque y un par de cosas más con tan solo una frase.

-Te has puesto ese calzoncito rojo que me prometiste?

Encuentro furtivo (La niña de la tele I)

Es invierno, hace frío, pero tiemblo de los nervios, de la incertidumbre. Para no tiritar tanto me agarro de un cigarro, lo tomo fuerte entre los dedos y empiezo a dar vueltas por el parque en su compañía y apoyo. Aún no la veo, y la verdad es bastante difícil hacerlo entre la fauna que invade el parque. Un par de gays cruzan de la mano la pista, un viejo verde le mete mano a su agraciada chiquilla y yo sigo mirando a izquierda y derecha con el ceño fruncido como usualmente hago cuando no sé que hacer.

Veo a una tipa con los senos fruncidos, brazos cruzados, sentada en una banca y reparo en que aquel era el lugar indicado. No sé ha dado cuenta de mi presencia. Estoy a unos metros y solo la observo. Analizo sus gestos, sus dedos arreglandose el cabello, subiendo su escote cuando alguien pasa frente a ella mirandole las tetas y finalmente, la mirada que me da al voltear cuando le veía el culo a un tipo. Está sorprendida y ante mi mirada furtiva se sube el escote una vez más. Se para y mis labios helados le dan un beso en la mejilla tibia. Mi tembladera actual es la incontinencia urinaria del viejo verde, no puedo controlarla, se viene en largos trechos y desaparece si y solo si tiemblo mismo perrito que se sacude luego del baño. Hacer aquello frente a ella imposible, entonces le doy una pitada más a mi pucho y me siento junto a ella.

Es una completa desconocida. Solo sé que se llama Eli, mide 1.60 y que lleva una tanga roja. O al menos eso creo, pero no es momento de pedir pruebas. Mi parte del trato esta hecha. Me he rasurado completo allí abajo tal como hemos acordado. Con el bosque talado, el único roble sobrevivientre se siente solitario, pero no desesperes que luego vas a encontrar compañía le dice el niño malo. El mismo que ha pactado la cita. La misma que casi es cancelada por el niño bueno camino al punto de encuentro. El mismo que es escenario de muchos otros encuentros clandestinos. Una rasurada al ras me ha hecho una pequeña herida que me causa escozor. No lo aguanto y allí sentado frente a ella, callados los dos, mirando a la nada, aprovecho para rascarme según yo caletamente. Falso, se ha dado cuenta ella y los dos niños que pasaban por allí también. Me llega, ya me rasqué y estoy feliz, sobretodo tranquilo y además, ha inquietado un poco a Eli, que ha seguido con los ojos fijos en el punto rascado. El niño malo no aparece para aprovechar su mirada. El niño bueno no se asoma con su rostro ruborizado. Simplemente soy yo y la he mirado y me he reído.

-Me rascas tú? -dice el niño malo ante la mirada atónita del niño bueno.

24/12/08

El inicio del fin? (Playa IV)

El niño bueno aflora desde mis ojos hasta mis mejillas. Los veo fijamente, nos despego la mirada de ellos a pesar que las lágrimas me nublan un poco el panorama arrecho que se vive dentro del taxi de al lado. Ella tiene los ojos cerrados y su rostro delata que la mano que tiene entre los muslos no surte el efecto que espera Carlos. El viento sopla más fuerte en mi rostro dejando que me golpee y se lleve algunas lágrimas. De pronto se lleva un dedo a la mejilla, lo desliza hacia arriba y se seca lo que parece ser una lágrima. El carro se detiene. "Ya llegamos" dice el Colo mientras yo me seco la cara en la blusa de Lorena. Ella que no se ha dado cuenta de nada me dice que le gusta la manera en que froto mi rostro en su espalda. Voltea, le hago una mueca que llamo sonrisa y la oscuridad no deja que vea los rastros de tristeza.

El niño malo también está afectado y por lo pronto se esconde bajo las piedras pequeñas que tiene la playa. Lorena no se despega de mi y se sienta a mi lado. "Me tocas algo?" pregunta con el doble sentido que tanto le gusta al que anda escondido. El niño bueno sabe que no podrá afrontar todo lo que ha traído esta noche y decide abrir la primera botella que tiene a la mano. Se va a emborrachar. Ya está decidido. El primer trago de a pico se desliza por mi garganta y el niño malo se asoma a ver que pasa allí arriba. Todos arman el usual círculo de ebrios y Lore me vuelve a preguntar: "Me tocas algo?" La miro tiernamente y le acomodo el cabello que le ha desordenado el viento. "Tocale el Coolo" susurra el niño malo entre las piedras. Aquel primer trago le ha puesto un parchesito al corazón del niño malo, se siente sano y se siente con fuerzas para dar sus primeros consejos. Al niño bueno el trago le ha dado la valentía de poner una piedrita sobre la boca del malísimo dejándolo sin voz ni voto.

Paola está frente a mi, algo seria y porque no...triste. No lo hago pensando en ella pero tomo del rostro a Lore y le doy un pico tierno. Acaricio su mejilla y saco mi guitarra de la funda.

Las olas del mar rugen y los ojos de Paola también. Sorry Pao...este juego se llama despecho.

18/11/08

Taxi caliente (Playa III)

No volteo, hago la finta de quien sigue pensando y no ha sentido el pellizco y reflexiono si responderle de la misma forma es buena idea. Decido que lo mejor es dejarlo para más tarde cuando las sombras sean más oscuras y le den mayor libertad a mis manos.

-Ahora se saluda así? -le digo mientras me sobo el poto con una mano y con la otra la abrazo para darle un beso.
-Así te saludo solo a ti -dice ella con un grado más de temperatura.
-Jajaja -me río y el niño que aún es bueno bajo la luz del poste mira hacia el piso y se siente ultrajado.

Andamos juntos hasta el paradero por delante de todos lo demás. Yo camino callado buscando con la mirada a Paola. Lorena que es su mejor amiga se da cuenta y me dice que la olvide, que el pasado es pasado y que le ha contado que la tengo corta. Mi orgullo lastimado libera al niño malo que ya se está desajustando la correa aprovechando la penumbra que dan los arboles.

-Quieres verla? -le pregunto con la mirada encendida.

Lorena voltea hacia mi rápidamente mientras su boca dibuja una "O" perfecta. Mis dedos rozan el cierre del pantalón, se acaba la fila de arboles y el niño bueno se pone rojisimo. Solo se me ocurre sacarme por completo la correa y decirle "mira, está bonita la correa, no?". Lorena respira aliviada y me dice que sabía que no me atrevería.

Nos repartimos en dos grupos de cinco, cada uno en un taxi y acordamos encontrarnos en el circuito de playas. Dejo mi guitarra en la maletera junto con la mochila que hace tilin tilin al menor movimiento. Lorena que se ha subido conmigo me dice que saque un trago y se sienta en mis piernas. "Sino no entramos Martincito", me dice inocente. Aquella avenida más que baches tiene cráteres y no dejan que Lorenita ponga el pico de la botella en entre sus labios. Cada bache la hace balancearse encima mio mientras agarra fuertemente la botella con las dos manos intentando chuntarle al agujero de su boca. La putifalda se le sube por momentos pero no intenta bajarla. "Para que Martincito si tu eres un caballero y no vas a ver nada", me dice cuando con el pulgar y el índice intento acomodarla. Lo que sí veo es el escote que lleva, con la curiosidad de saber si es obra de un push up o del verano que hizo crecer todo. Mi mirada se desliza entre una curva sinuosa que se interrumpe por su blusa blanca, que poco a poco queda mojada por las gotas de alcohol que sus labios dejan escapar.

Mi esquina del taxi arde mientras los demás conversan haciéndose los locos. Al día siguiente nos tildarán de calientes e inventarán cosas que nunca sucedieron. Lo usual. Lo que sí sucede es que los baches, el movimiento de cola de Lorena y la oscuridad del taxi me han "levantado" el ánimo a punto de fricción, es el momento del niño malo, que sigue le sigue el ritmo a los baches con algo de exageración.

-Ahora dime...le crees a Paola? -le susurro al oído.
-Nunca me lo dijo Martincito...

El otro taxi pasa a nuestro lado y el alma y las ganas se me desvanecen cuando veo que Paola anda en las mismas con Carlos.

28/10/08

A punto de partir (Playa II)

Pal beso, pal abrazo y por si acaso dice el niño malo mientras se pone perfume cuidadosamente en cada una de las zonas referidas e imaginadas. Los primeros guiños de la noche sin luna resplandecen en mi ventana avisándome que si llego cinco minutos tarde Pao o Lore tendrán ya las bocas ocupadas...por la conversa...obviamente, y como dijo el Colo no me quedará otra que chapar más que mi guitarra. Afortunadamente llego a tiempo y veo a las chicas, muy acorde al verano, con putifaldas. Han pasado varios meses desde que terminó el cole y me doy cuenta que algunas chicas han crecido. Algunas de altura, otras de barriga, unas cuantas gratamente por zonas curvas que antes eran muy bien disimuladas por las faldas del colegio y dos que al parecer cambiaron sus sostenes por una talla más grande. Luego reflexiono y concluyo que aquellas cosas no pueden crecer tan rápido -bueno...hay métodos-. Intuyo que ahí hay trampa y me decido a quitarme la duda y quitarle a alguna de ellas el push up que creo utilizan.

Saludo a todos, enciendo un cigarro y me largo con el Colorado a comprar el trago. Un pisco barato señor, que hoy quiero matar gente, le pasa por la cabeza al niño malo. El niño bueno más diplomático y menos bullangero le dice al viejito de la licorería que me despache un pisco. Que estoy bizco? me pregunta el viejo. No...no...y el Colorado irrumpe "dice que si usted era el profe del Señor de Sipán?" Que qué? "Nada señor, que me de un pisco y un pan, la encaleta el niño bueno.

Regresamos con el pisco y el pan y en el parque ya se ha formado una manchita de 8 personas entre hombres y mujeres. El perro como le llamamos al buen Javier, es el encargado de meter los tragos a su mochila. Meto el mio y veo que dentro brillan relucientes varias botellas con líquidos venenosos, catarquicos, amnésicos y anestésicos. El interior de esa mochila parece anunciar una noche de perdición junto al mar, tal vez junto a ella, tal vez junto a mi guitarra y viéndola partir con otro. Tal vez digo...y siento una mano en el culo.

-En que andarás pensando Martincito?-me dice Lorena rematando el paleteo con un pellizco.

22/09/08

Provocadora noticia (Playa I)

Ha pasado unos meses desde que el cole ya no forma parte de mi rutina. La camisa firmada y los viejos cuadernos -adornados en las últimas páginas con dibujitos eróticos- duermen en un cajón relegado del armario. Ahora yo duermo hasta la hora que me de la gana luego de ver seriesitas eróticas. El colorado me ha avisado de un reencuentro de la gente y como siempre iré con la actitud del que no busca nada y encuentra mucho. En la playa, dice el colo, lleva tu guitarra porque eso es lo único que vas a agarrar esta noche, y suelta una carcajada maquiavelica que me hace alejar el fono de mi oído.

Será una buena excusa para verla. La guitarra, el trago, el mar y un buen floro pueden tener el efecto de la mejor Yohimbina, irrumpe el niño malo. Lo último que supe de ella fue que había terminado con el pavazo de su enamorado y aprovechaba cada reencuentro para chaparse al primero que le dijera que estaba linda. Y si le decia que estaba linda, resplandeciente y etcetera, me daría alguito más? Solo me queda descubrirlo...si es que las circunstancias se confabulan en ese rincón de la Costa Verde. Iré tranquilo, tan solo con la tarea de ser el telón músical de los demás romances, aventuras y paleteadas.

Me entero también por el Colorado que el reencuentro fue idea de Paola, pero que el lugar lo eligió Lorena, está riquísima esa ruquísima, agrega el Colo y haciendo sonido de succión de baba. El inusual lugar para el reencuentro me lleva a reflexionar y analizar, hasta concluir que simplemente lo eligió para variar el escenario de borracheras y agarres que al día siguiente nadie recuerda. El niño malo se apodera de mis cuerdas vocales y recordando el prontuario de Lorena le dice al Colo que está buscando tirar en un hotel mil estrellas llamado playa. Yo le daré el gusto, replica jadeante. Y por más que dije que iré en busca de nada, las tentaciones hacen su aparición en un entorno de lujuria recreado en mi mente.

24/07/08

2000 (Final)

Sí, estoy listo digo. Y me doy cuenta que esas palabras se quedaron encerradas en mi mente, que nunca se convirtieron en aliento y que ella no las ha escuchado. Me he quedado paralizado, mirando la pared naranja de la casa de al frente. Mi cuerpo se tensa al punto que siento las hormigas del calambre subiendo por mi pierna, mi cuello, mis manos. Me devuelve el beso en la nuca que le di cuando subíamos las escaleras. El suyo sí que tiene un efecto poderosísimo en mi. Si bien no he suspirado, se me ha puesto la piel de gallina. Me pasa los dedos sutilmente por los brazos, sintiendo mis vellos aún consternados por el beso y decide hacer un experimento. Deja que mis vellos descansen y dos segundos después mi nuca se convierte en un juguete de su lengua. Debe saber que haciendo eso, no solo mis vellos son los que reaccionan.

El niño malo da sus primeros pasos, deshaciendo la parálisis del niño bueno y se atreve a voltearse, dar la cara y abrazar contra su cuerpo a ella que lo mira sorprendida y pícara. Desde la calle alguien grita que somos uno mañosos de mierda, el que puede puede y el que no aplaude, le respondo. No hay cortinas que oculten nuestro deseo ni pudor que no deje disfrutarnos. Como un pescado con el anzuelo en la boca, ella me muerde los labios y me trae a su lado, a lo que yo respondo con otro mosdisco que le arranca un gemido. Como perros buscando el mejor lugar para tumbarse, damos vueltas por toda la habitación, dando tumbos contra las paredes y en cada uno nos vamos desahaciendo de nuestras vestiduras de colegio.

Mis dedos aún inexpertos no pueden abrir su brasiere, y el beso que le he dado mientras lo hago se prolonga mucho. Una risa explota en la habitación y el niño bueno retorna a la escena. Ella mi me mira, me sonríe tiernamente, pone sus manos en sus espalda y en un segundo el brasiere forma parte del suelo. Me ayuda a quitarme la camisa, el cinturón, el pantalón y por último se voltea provocativamente dándome la cola y me pide amablemente que le baje el cierre de la falda. Mis manos temblorosas no dan con el cierre, ella me ayuda bajándolo y se queda en esa posición, esperando mi siguiente movimiento.

La tomo de las caderas y mis manos sienten sus formas, formas curvas que activan el accionar del niño malo que baja la falda violentamente, descubriendo que ella solo usa tangas y que le queda muy bien. De reojo veo a mi izquierda la improvisada cama, ella lo nota y acomoda su figura sobre las frazadas. La veo echada, tanga blanca ocultando un sendero oscuro y sus brazos enlazados a su cuerpo sin dejar para mis ojos el deleite de sus pechos. Me tiende una mano la que acepto y veo horas después aún dentro de mi mano, tibia, durmiente.

Y fue como la primera vez de todo, que emociona, que gusta, pero que con la práctica se va haciendo más interesante al descubrir poco a poco lugares donde la imaginación, el sentimiento y la pasión se fusionan en un solo cuerpo.